La adolescencia es la parte de la vida más importante, porque es aquella en la que las personas se abren a todo, se tocan, descubren que están vivas, se sienten, aprenden, sufren la primera realidad de la existencia, aman y buscan ser amadas.
El estallido de las emociones.
Era un monstruo.
Aunque mucho peor era estar gorda.
Tener tanta hambre y comer, y engordar, y...
Tal y como le había dicho su medico.
Se estaba muriendo. Si no dejaba de comer incontroladamente para vomitar despuéssintiéndose culpable y por temor a la obesidad, sería el fin. Había llegado al limite, y tras él, no existía retorno posible.
Se miró en el espejo de su habitación.
Desnuda.
Recorrió las lineas de su cuerpo, una a una. Casi podía contar sus huesos, las diagonales de sus costillas, el vientre hundido, la pelvis salida y extrañamente frondosa, las nudosidades de sus rodillas, la piel seca, el cabello débil y sin fuerza que se le caía cada día más.
Y aún así se sintió mal por algo distinto. Peor.
Gorda.
Tuvo que cerrar los ojos y volver a abrirlos para enfrentarse a la realidad.
Su mente era un hervidero. Creía que un descanso, atemperar los nervios le vendría bien, y descubría que no, que la soledad era peor. El silencio se convertía en un caos. 
No tenia sueño, ni pizca de sueño, aunque agradecía el hecho de poder estar tumbada en silencio. Lo único malo del silencio era oír el eco de sus propios pensamientos. Un eco que la aturdía.
Y no podía escapar de él. Era como ondas que se dilataban y se contraían en la superficie quieta de un lago.
Y era aterrador.
Tuvo una extraña sensación, ajena a la realidad primordial.Una sensación egoista, propia, mezcla de rabia y desesperación.