Stuck.

Cuando caminas pero sentís que no avanzas.
Cuando queres hacer pero estas paralizada.
Cuando los esfuerzos por no acordarte son el detonante de recuerdos.


Andate, andate y no vuelvas nunca... andate.

Soy.

Soy aquella.
Soy la que no puede recuperarse.
Soy la eterna enferma.
Soy mi eterna exigencia.
Soy la lluvia de mis ojos.
Soy el fantasma de mi pasado.
Soy la gordura que me atormenta y los huesos que se entierran en cada abrazo.
Soy el monstruo perfeccionista obsesionado.
Soy la enfermedad, y la muerte que me acosa.
Soy yo.

La perfección es la muerte.


La perfección es algo difícil de describir, en este caso, la perfección es la muerte.
Es sinónimo de fragilidad, huesos, ojeras y ayunos.
Tu vida gira alrededor de cuantas calorías consumiste, y lo único que te importa es no perder el control.
Odias tu cuerpo, te odias a vos misma. 

Ese odio explota y empezas a odiar todo lo que te rodea.

Minimizas las porciones de comida, cada vez menos... hasta no comer nada.
Cuando reaccionas es cuando ya no podes parar (cuando nadie te puede parar).
Abrazas tus huesos, te frustras, te perdes en vos misma, te sentís sola, DESILUSIONADA. 
Tus ojeras marcan tu perfección tan deseada.


¿Eso es lo que querías? Sí, pero no.
Nunca va a ser suficiente, nunca vas a ser lo suficientemente buena. 


Skinny bitch.

Tomaste una decisión: no vas a parar.
El dolor es necesario, sobre todo el dolor del hambre.
Eso te re-asegura que sos fuerte.


Porque quiero y porque puedo.

Crónica de una historia sin principio ni final.

Una puerta cerrada que no se abría para nadie.
Apagaba las luces y fingía estar ausente.
Tenía las manos frías, quizá consecuencia de ese clima al que llaman "soledad".
Cometió un error, o tal vez un descuido.
Duerme con sus auriculares puestos para no tener que escuchar, se pierde en la música y siente que vuela.
El volumen es proporcional a la altura que puede alcanzar.

ALONE

Estamos solos, porque cuando tocamos fondo no hay mano que nos ayude a salir, si no tenemos la voluntad de salir con nuestra propia fuerza.
Estamos solos porque nadie puede hacerte ver la luz, cuando elegís ver la oscuridad.
Por suerte, estamos solos, porque una vez consciente de eso, nadie es capaz de corromper tu felicidad, ni tu paz.

Ella en tercera persona.

Ella se levantó de una siesta poco medida, con el día lleno de nubes mojadas, en una urgencia por ordenar su caos visual (aunque sea),
se puso a limpiar su cuarto, empezar a organizar.
Los fantasmas aparecieron entre papeles y polvo,
recuerdos que la hicieron llorar.
Y lloró, lloró con el estomago y la garganta,
esos llantos que no se pueden controlar ni tampoco aguantar.
Ella lloró con lagrimas a puertas cerradas,
lloró por todo y por nada, por lo que fue y lo que es.
Hablaba en tercera persona para abstraerse y quizá entenderse.